XLV Una hora
Estacionada frente a la entrada del imponente edificio del grupo Mavke, Estefanía le escribió a Johannes para avisarle que había llegado. Mientras esperaba por él, un guardia se le acercó luego de observarla unos instantes. Le golpeó la ventanilla y ella bajó el cristal.

—Señorita, no puede estacionarse aquí. Debo pedirle que se retire.

—Estoy esperando a tu jefe, no debe tardar.

—¿A Manolo?

—No, a Johannes Williams. Si me muevo, tendrá que caminar más. No quieres hacerlo caminar, ¿o sí?
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