El día de flojera terminó cuando Estefanía consideró que ya era tiempo de irse, a eso de las cinco de la tarde. No tenía ninguna queja de las atenciones de su jefe, pero manteniendo la distancia no perdería objetividad.
Johannes insistió en llevarla él mismo al taller donde había dejado su auto. Ella usaba unas pantuflas y prometió devolvérselas la próxima vez que fuera a visitarlo.
Se despidieron de un beso en la mejilla, así lo quiso ella porque había otros hombres mirando. De seguro se pre