—Eres un perro con suerte, claro que sí. Un perro con mucha suerte —murmuró Johannes.
Terminó de vestirse ante la atenta mirada de Varo, el perro asustadizo que ya llevaba tres años con ellos.
Le puso su arnés y fue con él hasta la puerta.
—¡Cariño, ya estamos listos! —avisó a Estefanía—. Estamos ansiosos por nuestro paseo —agregó para sí, mientras Varo meneaba la cola, como si estuviera de acuerdo.
Ella llegó con un vestido ligero que se amoldaba a la perfección a su cuerpo, recuperado