Estefanía salió de su habitación mientras Johannes desayunaba. Llevaba un traje de dos piezas enorme, como los que usaba cuando llegó a trabajar a la empresa, pero que había reemplazado por unos más cercanos a su talla real en su ausencia. Fue como si el tiempo hubiera retrocedido.
—No necesitas ir a trabajar hoy, tómate unos días. Descansa —le sugirió él.
—¿Por qué? No estoy enferma. Estoy igual que siempre, solo que expuesta, abierta como uno de esos pavos que rellenan para Navidad. ¿Le