La piel desnuda de Johannes erizaba la de Estefanía, que sonreía entre sus brazos.
La magnífica noche había comenzado con un espectáculo en la cocina, donde lo había visto desplegar sus habilidades culinarias.
Continuó en el comedor, donde disfrutó de la espléndida cena en una mesa maravillosamente servida. Ella no era una reina, pero él bien podía ser un príncipe, con sus modales y gustos refinados.
Luego, la diversión se trasladó al dormitorio, y allí el elegante príncipe se convirtió en una