La azotea del búnker de la Policía Nacional era una planicie de concreto azotada por el viento caliente que subía del Caribe. El ruido de las hélices del helicóptero de Vargas era ensordecedor, una presencia mecánica que proyectaba sombras gigantescas sobre Alessandra y Dante.
En el extremo opuesto, Kenji Yue permanecía impasible, rodeado de sus mercenarios del Fénix Blanco. La lluvia tropical empezó a caer con una violencia repentina, convirtiendo el suelo en una superficie resbaladiza donde