El mundo de Alessandra se volvió blanco. El estruendo de la explosión no fue un sonido, sino una onda de choque que le vació los pulmones y la lanzó tres metros hacia atrás, estrellándola contra la pared de un contenedor de carga.
Durante unos segundos, solo hubo un pitido agudo en sus oídos. El olor a gasoil quemado y caucho derretido inundó sus sentidos. Abrió los ojos y vio el infierno: el Muelle 5 era una pira de metal retorcido. La mesa donde cenaba con Madame Yue había volado por los ai