El silencio atronador que siguió a la voz de Viktor Volkov —"Entendido, padre"— fue más ensordecedor que cualquier explosión. El eco de la sentencia de muerte de Isabela, pronunciada con la misma frialdad que la orden para sus padres, vibró en el aire denso del refugio de Casandra.
La primera reacción fue de Alessandro. No hubo miedo en sus ojos, sino una furia protectora y asesina que le hizo perder el control por un instante. Su puño se estrelló contra el servidor más cercano con una fuerza b