Mundo ficciónIniciar sesiónLa furgoneta de Luciano se deslizó por las calles secundarias de Milán, adentrándose en el lado más industrial y olvidado de la ciudad. El sol de la mañana ya estaba alto, pero no llegaba a las profundidades donde Luciano los llevaba. El "santuario" de Casandra no era un loft moderno, ni un apartamento de lujo. Era un sótano, un antiguo refugio antiaéreo, cuya entrada apenas era visible, oculta tras una pila de chatarra y un grafiti descolorido.
Al abrir la puerta chirriante, el aire pesado los envolvió. Era un laberinto claustrofóbico de cables, servidores zumbantes y luces parpadeantes que proyectaban sombras danzantes sobre las paredes de hormigón. El calor de las máquinas era denso, casi sofocante, mezclado con el tenue olor a metal caliente y café quemado. Era un santuario de tecnología obsoleta y de vanguardia, donde el tiempo se medía en ciclos de procesador y las leyendas







