Una semana.
Siete días habían transcurrido desde que Isabela Moretti cruzó la puerta del ático con una carpeta de cuero y un mar de dudas, dejando tras de sí el silencio más absoluto que Alessandro Lombardi hubiera experimentado jamás. Para el mundo, Alessandro seguía siendo el "Rey de Hielo" de Milán, el hombre que había navegado la tormenta financiera de los Volkov y salido más poderoso que nunca. Dirigía su imperio con la misma precisión quirúrgica de siempre, cerraba tratos millonarios y ma