Capitulo 38. La Armadura de la Verdad
Isabela se despidió de Elena con un suave apretón de manos, una gratitud silenciosa pasando entre ellas que la gobernanta no podía comprender. Caminó de regreso por los pasillos de hormigón del búnker, y cada paso se sentía diferente. El suelo bajo sus pies parecía más sólido. El aire, antes asfixiante, ahora era simplemente aire. La verdad no la había liberado en el sentido que siempre había soñado. No había roto sus cadenas. En cambio, se las había hecho visibles, le había mostrado el metal d