El Gran Salón del Consejo de Alfas resplandecía con antorchas que proyectaban sombras danzantes sobre los muros de piedra antigua. Doce tronos tallados en madera de roble negro formaban un círculo perfecto, cada uno ocupado por un Alfa territorial. El ambiente olía a poder, a tensión contenida y a sangre ancestral.
Damien Blackthorn permanecía erguido en su asiento, su rostro una máscara impenetrable de hielo y autoridad. Pero podía sentirlo: las miradas furtivas, los susurros apenas contenidos