La luna colgaba como un medallón de plata en el cielo nocturno cuando Brianna atravesó corriendo los límites del territorio seguro. Sus pies descalzos golpeaban el suelo del bosque, pisando ramitas y hojas que crujían bajo su peso. El aire frío de la noche le quemaba los pulmones, pero no se detuvo. No podía.
Las palabras de amenaza aún resonaban en su cabeza. "Si no te alejas de él, me aseguraré de que ambos sufran consecuencias que ni siquiera puedes imaginar." La voz de Eliza, la loba que re