El aullido de alarma rasgó la noche como una garra afilada. Brianna se incorporó de golpe en la cama, con el corazón martilleando contra sus costillas. No era un aullido cualquiera; había aprendido a distinguir los diferentes tonos durante su tiempo en el territorio Blackthorn. Este era un llamado de emergencia.
Corrió hacia la ventana justo a tiempo para ver varias figuras moviéndose frenéticamente en el patio principal. Las antorchas iluminaban siluetas que se desplazaban con urgencia, y los