Capítulo 69. Fingiendo sumisión.
El techo de la habitación era blanco. Liso. Perfecto. Tenía molduras de yeso francés en las esquinas. Lidia no apartaba la vista de arriba. Sus ojos estaban muy abiertos. Ardían por la falta de parpadeo. La oscuridad de la madrugada cubría la inmensa cama de la suite.
A su lado, Andrés respiraba pesado. El sonido del aire saliendo de su boca apestaba a alcohol y tabaco viejo. Lidia no se movió. No emitió ningún sonido. Su cuerpo estaba rígido. Tenso. Congelado bajo las sábanas de seda italiana.