Capítulo 68. El verdadero infierno.
Lidia caminó por la inmensa suite del hotel en París. Llevaba una bata de seda blanca. Los ventanales mostraban la ciudad, pero ella no miraba el paisaje. Miraba a su esposo.
Andrés estaba sentado en el sofá de cuero negro. Tenía un vaso de whisky en la mano derecha y revisaba su teléfono. La ignoraba por completo.
—Llevo dos días encerrada aquí. Solo sales tú —reclamó Lidia.
Se cruzó de brazos. Su voz sonó aguda, cargada de su típico tono caprichoso.
—Cuando nos casamos me prometiste llevarme