Capítulo 29. El quiebre de la lógica.
El bosque no tenía final.
Una masa densa de troncos negros y ramas retorcidas bloqueaba cualquier rastro de luz de luna.
Mariana avanzaba a ciegas.
Levantaba la bota militar derecha. El cuero pesado se hundía en la tierra congelada. Pisaba fuerte. Levantaba la bota izquierda. Arrastraba los pies. Las botas de Víctor le quedaban inmensas. La fricción del cuero grueso contra sus talones lastimados era un castigo sordo, pero el alivio térmico en sus plantas la mantenía de pie.
Por ahora. El frío e