Capítulo 34. Garantía de retorno.
Liam salió del baño ajustándose la camisa arrugada. Tenía la mandíbula tensa y la mirada oscura. Olivia salió detrás, con los brazos cruzados y la barbilla en alto, marcando distancia.
En la sala, Arturo Montenegro los esperaba de pie, con la escoba de Olivia en la mano como si fuera un arma medieval.
—Se acabaron los cinco minutos, joven —dijo Arturo, seco—. Y por la cara de mi hija, veo que no le alcanzó el tiempo para arreglar el desastre.
Liam miró al padre de Olivia. Hubo un segundo de res