Capítulo 35. Consejos de altura.
El rugido de los motores del jet privado se estabilizó a cuarenta mil pies de altura. Abajo, la ciudad ya no existía.
Adentro, en la cabina forrada de cuero y caoba, el aire acondicionado mantenía una temperatura gélida, ajena al calor del barrio que acababan de dejar atrás.
Liam se sirvió un whisky doble con hielo. Se sentó en el sillón de cuero crema y miró su muñeca izquierda por costumbre.
Estaba desnuda.
Le faltaba el peso del Patek Philippe.
Sonrió de medio lado. Garantía.
Frente a él, Lu