Capítulo 22. Cambio de rehenes.
Víctor apretó la mandíbula. Miró el cañón de su propia arma apuntando a su pecho.
Luego miró los ojos de Mariana. No había terror. No había lágrimas. Solo un cálculo frío y letal. La mujer de números estaba evaluando la velocidad de reacción de él contra la presión de su dedo índice en el gatillo.
—No tienes el valor —la retó Víctor. Su voz fue un susurro áspero. Dio medio paso al frente.
Mariana estiró los dos brazos. Bloqueó los codos.
—Da el otro medio paso y lo averiguamos —replicó ella. Su