Capítulo 128. Carne y acero.
La comunicación se cortó de tajo.
El zumbido estático de la radio fue el único sonido dentro del inmenso fuselaje del avión de carga.
Lucas Hamilton bajó la radio lentamente. Su rostro era una máscara de piedra. Cero emociones a la vista. Pura concentración.
Claritza acortó la distancia en dos zancadas.
—¿Qué pasa con el hombro de Lidia? —exigió saber. Su voz fue un latigazo en medio del frío—. ¿Qué le hizo ese maldito animal?
Lidia estaba sentada sobre una de las bancas metálicas del avión. Se