Capítulo 129. Explosión contenida.
El pitido agudo llenó el fuselaje. Un sonido continuo. Letal.
Lucas no pensó. No dudó. Era un hombre de pensamientos rápidos, y estos no se congelan ante la muerte inminente; así que reaccionó rápido por puro instinto de supervivencia.
Tenía la cápsula de titanio prensada en las pinzas. Tres segundos. Tal vez menos.
Si la tiraba al piso, la onda expansiva las mataría a las dos. La metralla les destrozaría los órganos en ese espacio cerrado.
Lucas giró sobre su talón derecho.
A un metro exacto e