El comedor de los Delacroix resplandecía bajo la luz de los candelabros de cristal. La vajilla de porcelana fina, los cubiertos de plata pulida y las copas de cristal tallado reflejaban el estatus de la familia. Clara observaba todo esto con una mezcla de admiración y aprensión mientras se acomodaba el vestido prestado, uno de los más sencillos que le habían proporcionado, pero que aun así resultaba demasiado elegante para una institutriz.
Lady Mercy había insistido en que Clara asistiera a la c