La biblioteca de la mansión Delacroix era un santuario de silencio y conocimiento. Estanterías de roble oscuro se elevaban hasta el techo, custodiando tomos antiguos y volúmenes de poesía que habían sobrevivido generaciones. Clara había encontrado en aquel lugar un refugio para sus pensamientos, un espacio donde podía despojarse momentáneamente de su falsa identidad y simplemente existir entre las palabras de otros.
Aquella tarde de otoño, mientras las hojas doradas caían perezosamente frente a