Cap. 81. Yo amo a esa mujer
El tiempo les jugaba en contra. El auto se movía con fluidez por calles semivacías. Marisol permanecía erguida, atenta a cada giro, a cada reflejo en los espejos. No había gritos, no había súplicas, solo sus ojos analizando y su mente calculando.
- “No entiendo por qué me arrastras tan lejos”, dijo Marisol con voz calmada, aunque firme. “Milán no es un buen escondite, lo sé. Pero ¿crees que con este teatro me vas a asustar?”
Leonardo sonrió con frialdad, sin apartar la vista de la carretera