Cap. 82. Debemos prepararnos para todo
Leonardo aterrizó varias horas antes en su país. Apenas salió de la pista privada, un convoy lo esperaba: dos camionetas oscuras y un sedán al frente. Marisol, aún con las manos atadas, fue bajada del jet por dos hombres armados. Ella mantenía la mirada fría, sin una lágrima, pero cada detalle quedaba registrado en su memoria, los tatuajes de uno de los hombres, la manera en que el chofer evitaba los retenes, el código con el que abrían el portón del hangar.
El convoy arrancó con rumbo descon