Las distintas salas de la mansión eran un escenario de destrucción. Muebles volcados, cuadros caídos, hoyos en las paredes y un suelo cubierto de trozos de mármol, madera, vidrio roto y manchas de sangre. El aire era pesado, cargado con el acre olor de pólvora y el retumbar lejano de gritos y disparos. Alexander avanzaba lentamente por un pasillo tenuemente iluminado, su mirada fija en Viktor, quien lo esperaba al final, al otro lado de la habitación con una sonrisa torcida en su rostro.
—¿Esto