Alexander entró a la mansión con su usual expresión facial. Aunque le llevó un poco más de tiempo de lo estipulado, apenas había anochecido. Apenas apareció, Ludmila instó al personal a servir la cena, mientras que con cumplió con la rutina establecida de recibir su chaqueta y servirle un vaso con agua.
Emilia estaba sentada en la sala, esperando su regreso. Se miraron a los ojos sin parpadear; ya no quedaban rastros de angustia en los ojos de la pelinegra, una vez más se había calado la máscar