La profunda risa de Alexander Sidorov resonó en la oficina de La Espiral haciendo que Katerina levantara la cabeza sorprendida. Había escuchado su risa en otras ocasiones, siempre fría, escalofriante, incluso un tanto sarcástica; pero era la primera vez que oía diversión en sus labios.
Pura y genuina diversión.
Alexander dejó el móvil en la mesa, acababa de leer un mensaje de su ama de llaves sobre Emilia y se encontraba de un particular buen humor.
—¿Qué tienes para mí, Katerina? —preguntó.
La