Alexander observó la puerta por un largo rato, en silencio. Ivan aguardaba respetuoso un par de pasos detrás de él, esperando a que el jefe hablara.
El mutismo contemplativo sumió al guardaespaldas en sus propias elucubraciones. La escena que acababa de contemplar la dejó ver ciertas cosas que, debido a su propia naturaleza, no había meditado. Después de todo, Ivan se movía con precisión militar en todo lo que hacía, en especial, si se trataban de las órdenes de Alexander Sidorov. Él no estaba