Salieron con una ecografía impresa y un pendrive con el latido.
En el pasillo, la vida seguía con la indiferencia de un reloj, una mujer embarazada con su mamá acariciándole la espalda para espantar los miedos, dos niños peleándose por una galleta como si ahí se jugara la paz de un reino, un hombre mirando el piso como si en las baldosas hubiera instrucciones para seguir vivo.
Lucia guardó el papel con dedos que no temblaban decididos, casi ceremoniales, como quien guarda una bandera después de