Enzo sonrió de lado, con esa media expresión que rara vez mostraba.
—Y dime, jefe… ¿qué se siente ser padre?
Valentín lo miró, sorprendido por la pregunta, y después dejó escapar un suspiro breve.
—No lo sé… —admitió—. Es raro, es… felicidad, supongo. No he pensado en nada más.
—Pues así debería ser —asintió Enzo, dando un par de pasos dentro del cuarto, como midiendo el ambiente—. Solo enfóquense en esto. De lo de afuera nos encargamos nosotros.
Alma lo miraba desde la cama, agotada, pero con