Los días pasaban, ese día no entró por las ventanas, se posó en la madera como si estuviera cansada.
Afuera, el canal tiraba hilos de reflejos que subían por las paredes y se apagaban en el techo.
Dentro, la casa había aprendido el idioma de un cuerpo pequeño, cada crujido se volvía pregunta, cada silencio, una tregua.
Era temprano, pero el tiempo en Coconut Grove ya no usaba reloj.
Valentín puso una toalla sobre la cómoda y extendió al lado un cuenco con agua tibia.
El vapor levantó un velo en