El sol brillaba con violencia sobre la ciudad, pero en el corazón del centro financiero, el aire se sentía cortante.
Frente al edificio del bufete Morales & Asociados, un rascacielos imponente de líneas sobrias y fachada espejada, flanqueado por estatuas de bronce y escoltas uniformados, la tensión flotaba en el aire como una sombra inevitable.
Los cristales reflejaban la ciudad con una frialdad quirúrgica, y el nombre del bufete, grabado en letras metálicas sobre mármol negro, parecía más una