Margot cambió el peso del cuerpo, la miró de frente de inmediato.
—El bebé es primero en estos momentos Alma—le dijo, sin seda—. Lo demás espera. Delega el cuchillo, dejas la bala, tu trabajo es armar el tablero y proteger a esa criatura. ¿Entendiste?
—No puedo —Alma apretó los ojos, los dedos aferrados al borde de piedra—. No puedo mirar desde la ventana cómo se cae lo que levanté, con Valentín adentro de una prisión, Ulrich en una bolsa por mi culpa, la viuda bajo custodia a nada de ser elimi