13. El plato derramado
El comedor principal a la una de la tarde era el lugar menos seguro del campus si una quería pasar desapercibida.
Demasiadas mesas, demasiados ángulos de visión, demasiada gente con tiempo libre y el hábito de mirar a quien menos convenía. Yo siempre llegaba tarde o temprano para evitar el pico de circulación, pero ese día Petra me había arrastrado a la hora exacta en que el comedor tenía el mayor número de testigos posibles.
—Come con otros seres humanos —había dicho—. Es parte de seguir viva.