19. La verdad que Caden ya sabía
Llegué al despacho norte a las dos y cuarto de la tarde con el formulario doblado en el bolsillo y suficiente rabia contenida para que el pasillo pareciera más estrecho de lo habitual.
No golpeé la puerta.
La empujé.
Caden estaba al teléfono. Me miró en cuanto entré y algo en su expresión cambió, no sorpresa sino reconocimiento de que lo que yo traía encima no era información ordinaria. Terminó la llamada en veinte segundos con tres frases que no escuché porque estaba demasiado ocupada decidien