Cap. 78 Es más que eso
El día amaneció con una claridad diferente para Dayana. No era solo la satisfacción íntima de la noche anterior lo que la impulsaba, sino una certeza nueva, fundada en la piel y en el propósito. Llegó a la sala de reuniones de la planta sur con una carpeta gruesa bajo el brazo y una sonrisa que no era de protocolo, sino de compromiso.
Las operarias ya la esperaban. No eran las mismas mujeres recelosas de la primera visita. La cautela aún estaba allí, sí, una prudencia tallada por años de promesas rotas y desdén corporativo. Pero se había filtrado algo nuevo entre los pliegues de su cansancio: entusiasmo. Un entusiasmo tímido, desconfiado, pero real.
Habían visto los planos. Habían recibido los correos. Alguien, en lo alto, les estaba pidiendo su opinión, no su sumisión.
Junto a ellas, en la mesa, estaban algunos de sus compañeros, padres también, observando con interés silencioso. La presencia de hombres era una sorpresa para Dayana, una grata sorpresa que ampliaba el alcance del pro