Cap. 56 Dayana, qué casualidad
El abrazo de la señora Valdez de Lombardi no fue solo un saludo; fue una bendición pública, una investidura. La respetada matriarca del círculo empresarial tomó a Dayana entre sus brazos con una fuerza sorprendente para su edad.
—¡Santos cielos, niña! —exclamó, apartándose para mirarla de arriba abajo, con ojos que lo habían visto todo.
—No solo eres hermosa, sino también inteligente. Y también valiente. —Levantó una ceja experta, como compartiendo un secreto de Estado.
—En un mundo de hienas, u