Cap. 111 Controlen todo
La voz de Ares, cuando habló, no era la del CEO. No era la del esposo. Era la del hombre que acababa de ver el abismo y había jurado no volver a acercarse a él jamás.
Sujetaba el teléfono con una mano, mientras la otra mantenía a Dayana y a Alessio firmemente abrazados contra su pecho. Su pequeño emperador temblaba, su llanto ahora reducido a hipidos agotados. Su gatita sollozaba en silencio, empapando su camisa con lágrimas de alivio y terror retrospectivo.
—Controlen todo —ordenó al interlocu