Cap. 110 Es una mujer
El estruendo fue inmediato y brutal.
Desde los pisos inferiores, desde las escaleras, desde los ascensores de servicio, el sonido de los disparos retumbó como truenos en cascada. No había compasión en esos ecos. Solo la furia fría de hombres que cobraban deudas con plomo.
Los hombres de negro en el penthouse escucharon. Sus radios estallaron en gritos desesperados: "¡Están por todos lados! ¡Nos están masacrando! ¡Retirada! ¡RETIRADA!"
Pero ya era tarde. Las puertas del infierno se habían abiert