Massimo se enderezó con una lentitud deliberada, su sonrisa oculta se hizo apenas visible en la comisura de sus labios. Había lanzado la bomba y ahora esperaba el ataque de vuelta, pero el silencio que siguió a su declaración lo puso a mil.
Savannah se quedó inmóvil, sintiendo el calor del aliento de él desvanecerse en su oído, pero el eco de sus palabras seguía vibrando en cada fibra de su ser. Estaba ardiendo. Sus nervios, que ya estaban a flor de piel, se habían convertido en un incendio que