Savannah sintió que sus rodillas flaqueaban en cuanto aquellas palabras se estrellaron contra sus oídos. El aire se le atascó en la garganta, y el sobre con el dinero, ese sobre que hasta hacía unos minutos había representado esperanza, de pronto le pareció un mal chiste cruel, un papel vacío frente a la magnitud de lo que Massimo le estaba exigiendo, no pidiendo.
—¿Q-Qué? —balbuceó, retrocediendo un paso, incapaz de creer lo que había escuchado.
Massimo la siguió con la mirada, como un depreda