El aire se cargó de la tensión de dos imanes que se repelen. Naomi dio un paso adelante, la indignación era una marea que la arrastraba.
— Lo único que quiero… es que tú y toda tu manada de parásitos salgan de mi casa.
Horas antes, la guerra había sido declarada. Derek, sediento de confrontación, había orquestado una venganza silenciosa. Su plan: convertir la mansión en un circo hedonista. Llamó a Maik y a su séquito de amigos más desenfrenados. La orden fue simple y perversa: traer el caos. Qu