Capitulo 36

Se acercó a la puerta, que estaba entreabierta, y la empujó suavemente. La habitación estaba iluminada y Naomi estaba acurrucada en el sofá, envuelta en una sábana, su cuerpo temblaba por los sollozos. Ella lo sintió entrar, pero no se movió. La humillación ya no podía ser mayor. Su presencia era solo una más de las torturas de esa noche.

—Es muy tarde. ¿Por qué no descansas?— dijo él, manteniendo una distancia prudencial, su voz carente de la crueldad habitual, sorprendiéndolo incluso a él mismo.

Ella levantó la cabeza y lo miró con los ojos enrojecidos e hinchados. La incredulidad y el desprecio se reflejaron en su mirada.

—¿A qué estás jugando, señor Torres?

Él no supo qué responder. Su repentina “preocupación” era un papel que no sabía interpretar.

Naomi se levantó del sofá, el cansancio y la rabia le daban una fuerza sobrenatural. Se acercó a él, la furia brillando en sus ojos.

—Me das asco. Mírame bien, ¡mírame!— gritó, su voz rasposa por el llanto. Su rostro, marcado por las lá
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