Pero, el dolor la detuvo. Un pinchazo agudo, un calambre que la dejó inmóvil. Se quejó, llevándose una mano al vientre. “Ahu…”.
Derek la vio. Creyó que era una farsa. Un truco para llamar su atención. Siguió sentado.
Naomi sintió que las piernas le flaqueaban. El dolor era insoportable. “Ay, ah…”. Y entonces, un líquido rojo bajó por su entrepierna.
Derek se levantó de un salto, el shock borrando toda traza de indiferencia.
— ¡Naomi! ¿Qué tienes?
— Me duele mucho… el vientre.
— Joder… estás san