OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 65.
La noche cayó lentamente sobre la villa, envolviéndo todo en una calma engañosa.
Las luces colgantes iluminaban los jardines con un resplandor cálido, y el murmullo de las conversaciones se mezclaba con la música suave que aún sonaba de fondo. El aire estaba fresco, agradable, cargado de risas, de copas brindando, de despedidas próximas.
Héctor y yo nos miramos, era momento de cerrar la celebración.
—Cortemos el pastel —dije ligeramente cansada—. Después de eso, dejemos que todos descansen.
Él