OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 56.
La confusión no se disipó cuando entré a la sala de reuniones, al contrario, se volvió más pesada.
Cerré la puerta detrás de mí con cuidado y avancé despacio, apoyando una mano en el borde de la mesa para mantener el equilibrio. Héctor seguía de pie, acomodando unos documentos con una calma que me pareció… ensayada, demasiado controlada.
—Héctor —dije finalmente—, ¿qué pasó?
Él levantó la vista hacia mí y sonrió, pero no fue una sonrisa completa. Fue breve, tensa, como si intentara tranqui