OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 54.
El amanecer nos encontró despiertos.
No porque hubiéramos puesto una alarma ni porque el día nos reclamara atención, sino porque ninguno de los dos quería perderse ese momento. El cielo aún conservaba tonos oscuros cuando salimos al exterior de la mansión, envueltos en una calma tibia, acompañados solo por el sonido constante del mar.
El jacuzzi estaba allí, discreto, integrado al paisaje como si siempre hubiera pertenecido a la isla. El vapor ascendía lentamente, mezclándose con el aire fre