OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 53.
Me quedé mirándolo sin saber qué decir.
Durante unos segundos eternos, el mundo a mi alrededor dejó de existir. No escuché el murmullo del restaurante, ni el suave sonido del mar golpeando la costa cercana, ni la música que aún flotaba en el ambiente después del espectáculo. Solo existía Héctor, arrodillado frente a mí, sosteniendo aquel anillo que brillaba bajo la luz cálida de las antorchas.
Estaba confundida, no porque no lo amara, eso jamás estuvo en duda. Sino porque no entendía por qué